La adaptación a los champús naturales

 

Los champús de cosmética natural hacen menos espuma que los champús convencionales…quizás sería más adecuado decir que no hacen tanta espuma. Por qué, y sobre todo, por qué nos preocupa tanto la cantidad de espuma?

Porque hemos asociado espuma a limpieza, y es un concepto erróneo que tenemos que ir descartando: la cantidad de espuma no es significado de eficacia.
La mayoría de las veces, la espuma en un champú convencional significa mayor cantidad de agentes surfactantes, agentes químicos que dañan el cuero cabelludo y la raíz misma del cabello dejándolo más reseco.
Nuestros champús naturales contienen tensoactivos que provienen de productos vegetales. Son agentes limpiadores de origen natural que no eliminan los aceites naturales del cabello, ya que son esenciales para su salud. La escasa espuma de estos tensoactivos naturales es suficiente para limpiar el cabello y el cuero cabelludo sin el daño asociado a los champús con base de sulfato.

Incluso hay algunos productos naturales, como por ejemplo la arcilla Rhassoul, que no producen ningún tipo de espuma, y que, no obstante, limpian y purifican el pelo de una forma espectacular.
El cabello se ha acostumbrado al uso de champús convencionales y cuando se le cambia drásticamente su método de limpieza, puede reaccionar al cambio con efectos no deseados.
Por ello, en ocasiones, al usar por primera vez un champú natural, no siempre se obtiene el resultado esperado: notaremos al principio que el pelo no está tan suave por falta de las parafinas y siliconas, derivados del petróleo. Estos productos químicos nos han acostumbrado a una falsa apariencia de suavidad, formando una fina película plástica que tapona los poros impidiendo la eliminación de toxinas y bloqueando las funciones naturales de defensa de la piel, suavidad que se transforma en aumento de grasa, dermatitis, y cabello desvitalizado.

Es conveniente que, durante las primeras semanas, alternemos el champú convencional con el natural, o también podemos mezclar ambos, reduciendo progresivamente la dosis del convencional hasta hacerlo desaparecer.
 

Lo que pretendemos conseguir de esta forma es que nuestro cuero cabelludo se acostumbre a no tener que protegerse de los productos químicos: los sulfatos resecan el cabello y nuestro cuero cabelludo puede reaccionar irritándose o produciendo más grasa para proteger el cabello. Es la defensa natural de nuestro organismo.


Si mantenemos la constancia y perseveramos, al cabo de unas semanas el pelo logra equilibrar su acción natural mejorando el brillo y el volumen.

 

 

 

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