DIENTE DE LEÓN

Fuente: http://www.vivelanaturaleza.com

Es muy importante que sepamos diferenciar en el campo las plantas que nos interesan.

El diente de león tiene una roseta basal, con hojas de dientes grandes y triangulares.

Sus flores aparecen en largos pedúnculos huecos, que tienen un látex blanco en su interior. Sus flores amarillas en realidad, son el conjunto de multitud de florecitas más pequeñas, es una de las características fundamentales de gran familia de las Asteráceas o compuestas, a la que pertenece. Sus frutos tienen unos pelos plumosos que parecen estrellas o paracaídas, lo que permite su fácil diseminación por el viento.

Es una herbácea perenne. La podemos encontrar florecida en primavera, verano e incluso más tarde, y por cualquier lado.

De todas sus numerosas cualidades, tanto como planta medicinal como planta comestible, hablamos en nuestro programa de El Jardín de la Salud, en Radio Camargo, que podréis escuchar en podcast cuando lo subamos aquí en la web.

Para disfrutar de ella, podéis recolectar la planta completa en primavera, colgarla en un lugar aireado, oscuro y seco, y dejarla secar.

La raíz debe ser lavada cuidadosamente antes de secarse al sol, o en el horno con cuidado de no quemarla a menos de 40 grados. Esas raíces bien lavadas y secas se pueden trocear y tostar en una sartén, removiendo con frecuencia, para después moler y utilizar en sustitución del café, evitando los efectos negativos de éste.

Para comer sus hojas en ensaladas, hervidas, o incluso en bocadillos sustituyendo a la lechuga, conviene recogerlas cuando aún están tiernas, antes de que su amargor se intensifique. En todo caso, ese amargor puede eliminarse si las ponemos en remojo al menos durante 2 horas.

Tradicionalmente se ha usado el látex que contienen sus tallos para quitar las verrugas, y algunas manchas de la piel.