LA RESINA AROMÁTICA DE LA MIRRA

Se dice que la mirra valía siete veces su peso en oro y si famosa fue la Ruta de la Seda entre China y Europa, no fue menos importante, aunque sí menos conocida, la Ruta del Incienso y la Mirra, que partía del sur de la península arábiga donde crecen los árboles que lloran estas resinas y conectaba India y Arabia con Mesopotamia, Siria, Israel, Egipto, Grecia y Roma.

LA EXÓTICA MIRRA Y SU PODER EVOCADOR

Caravanas de miles de camellos cargados con los bienes de lujo de la época, por los que se pagaban altos precios -mirra y olíbano arábigos, canela y especies aromáticas, ébano, sedas, textiles finos, maderas nobles, pieles y plumas de animales exóticos, oro- transitaban alrededor de medio año viajando a lo largo de unos 2.400 km de ruta larga y peligrosa, por la dureza del desierto y la amenaza de los robos, lo que propició el surgimiento de ciudades, fortalezas y caravasares -posadas para las caravanas- que les servían de apoyo y protección a cambio de pagar elevados impuestos.

A la vista de sus enormes cualidades, y de su elevado coste, la reina-faraón Hatshepsut,de la XXVIII dinastía, 1.500 años a.C. organizó una legendaria expedición al país de Punt -la Somalia actual- de donde trajo un cargamento entero de semillas y plantas del árbol de la mirra, en un intento fracasado de conseguir esta materia prima tan preciada: las semillas no fructificaron, y los árboles se secaron, pero el suceso quedó inmortalizado para siempre en las inscripciones del templo funerario de la reina en Deir el-Bahari.

El precio final de esta resina aromática era elevado: bolas de mirra era regalo de reyes asirios y arameos, y se mantuvo un comercio floreciente hasta bien entrada la era cristiana. Los nuevos tiempos y las nuevas vías de navegación y comercio trajeron el abandono de esta ruta: ciudades abandonadas al desierto, y ruinas arqueológicas evocadoras aún en nuestros días, de un pasado brillante.

LAS LÁGRIMAS DE UN PEQUEÑO ÁRBOL QUE LLORA

La mirra es una resina que se produce como defensa ante ataques de insectos, bacterias, hongos y otros agentes patógenos, y que nace en forma de fluido que exuda el pequeño árbol de la mirra –Commiphora myrrha (1)– cuando sufre una incisión en su tronco suculento que al contacto con el aire se endurece, conformándose unas piedras de formas irregulares medio traslúcidas y pardo rojizas. La resina que defiende al árbol, que cicatriza sus heridas, también tiene un efecto curativo sobre cuerpo y mente humanos, efecto conocido y aprovechado desde la Antigüedad.

  • El origen y significado de su nombre científico es: Commiphora es una latinización del griego komm y phoros, que significa lleva goma. Myrrha es una palabra que deriva de lenguas semíticas, como el hebreo o el árabe, que significa amargo: que lleva goma amarga.

Su recolección queda reducida a las pocas regiones desérticas donde crece este pequeño árbol, que no son de fácil acceso: Yemen, Omán al sur de la península arábiga, y en los países del cuerno de África, Etiopía, Eritrea, Somalia, y en Turquía.

¿INCIENSO O MIRRA-MIRRA O INCIENSO?

La mirra se extrae únicamente del espinoso, menudo, retorcido y escasísimo árbol Commiphora myrrha, que es una especie arbórea muy variable en forma y tamaño de las hojas lo cual muchas veces dificulta la identificación. Aunque es la fuente principal de la mirra, hay al menos otras diez especies de Commiphora de las que también se comercializa su resina.

Pertenece a la familia Burserácea caracterizada por árboles que poseen en la corteza conductos por donde excretan resina olorosa, que al contacto con el aire se solidifica y los protege del ataque de hongos, bacterias, insectos y otras enfermedades.

Otras resinas “espirituales” de la misma familia son el olíbano arábigo (Boswellia sacra) y el copal americano (Bursera copal). Otras familias de árboles también producen resinas aromáticas como el benjuí (Styrax benzoin), el sándalo (Santalun álbum) otro incienso espiritual milenario que se obtiene de su madera, o el elemí.

Las resinas se queman solas o mezcladas con otros ingredientes como especias y maderas. A la mezcla se le denomina genéricamente “incienso”. La palabra ‘incienso’ procede del latín, incesum, y hace referencia (según la Real Academia de la Lengua) a ‘toda materia quemada en un sacrificio’, y se aplica entonces a todas las resinas que se queman. aunque en sentido estricto podemos decir que el incienso se refiere específicamente a la resina de Boswellia sacra considerada como el incienso puro, también llamada olíbano o frankincienso, y tan valorado como la mirra desde siempre.

LA DIMENSIÓN MEDICINAL DE LA MIRRA

La resina de mirra ha sido un producto muy codiciado en todas las civilizaciones de la antigüedad, no sólo a nivel aromático, sino como un potente medicamento natural:

  • Para embalsamar cadáveres, como los sacerdotes egipcios con las momias, y preservarlas y purificarlas para su viaje eterno.
  • Como anestésico: en Roma, mezclado con vino, se ofrecía a los condenados a muerte a modo de narcótico, se ofreció a Jesús justo antes de la crucifixión, que lo rechazó.
  • Como coagulante. Los soldados griegos la llevaban encima para cortar las hemorragias de las heridas de combate. Era un excelente remedio contra los parásitos y la ronquera.
  • Como purificador de la sangre, en la medicina china.
  • Como remedio contra la artritis, en la medicina ayurveda de la India.
  • Para mantener unos dientes y encías sanos, según costumbre de masticarla en Etiopía.

La mirra tiene poderes antiinflamatorios y antisépticos, desinfecta en profundidad, sobre heridas, cortes y arañazos. Es un potente regenerador cutáneo. Activador de las defensas, y en forma de masaje, activa la circulación. Purifica el sistema sanguíneo. Alivia los dolores menstruales. Su composición química es una mezcla compleja de ácidos resínicos, terpenos, ácidos grasos, alcoholes y agua, llegándose a aislar hasta 300 metabolitos secundarios y confirmándose los amplios efectos farmacológicos de la mirra. Aunque se ha demostrado la eficacia en tratamientos de inflamación, artritis, infección microbiana, heridas, dolor, traumas, tumor, obesidad y enfermedades gastrointestinales, estoy convencida que aún no se ha reconocido todo su potencial terapéutico.

Podemos usar la mirra medicinal sin procesar, quemándose directamente, o como ingredientes de conos e inciensos para quemar, o bien su tintura, extracto o aceite esencial, que procede de la destilación. En todos los casos es la presencia del aceite esencial su principio curativo. Se usa también en baños, sales, jabones, aceites, inhalaciones, para masajes en pomadas y ungüentos, como ingrediente activo en pastas dentífricas, y por su perfume, también como uso aromático-terapéutico.

EL RITUAL AROMÁTICO Y LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL DE LA MIRRA

Era muy apreciada por el olor de su humo al ser quemada, considerado exótico y embrujador.

No sabríamos decir si el extraordinario valor que alcanzó en la antigüedad se debía a sus propiedades medicinales o a la importancia espiritual que se le otorgó a algo tan sutil e intangible como la emanación de un olor cautivador al quemarse, cuyo humo fragante al elevarse hacia el cielo, parece ser que abría las puertas a la experiencia del espíritu, y servía de comunicación con los dioses, y de ofrenda hacia ellos. Todas las principales culturas de la Antigüedad usaron el humo perfumado en sus prácticas religiosas: Asiria, Egipto, Grecia, Roma, China, India, Japón. De hecho, la palabra perfume proviene del latín per y fumare, que significa a través del humo, el modo en que se difundían las fragancias, o la primera experiencia perfumística de la humanidad.

LA MIRRA EN LA BIBLIA

La mirra es el primer aroma mencionado en la Biblia, y también el último. La Biblia está llena de referencias a los perfumes, incluso aparecen recetas de los ingredientes aromáticos de ofrendas, y del óleo sagrado, en el que la mirra era un componente fundamental. También fue el primero ofrecido a Jesús y también el último, cuando al llegar al Gólgota para ser crucificado, se le ofrece con vino, para anestesiar sus dolores, y rechazó.

Según la tradición cristiana, los tres Reyes Magos entregaron al niño Dios lo más preciado del mundo: Gaspar presentó a Jesús incienso de Asia, Melchor oro de Europa, y Baltasar le llevó mirra de África. El oro regalo para un rey, el incienso regalo para un dios, y la mirra regalo para la dimensión humana de un dios hecho hombre, que simbolizaría el sufrimiento, la muerte y la resurrección.

Todas las religiones en realidad, han vinculado el olor con una señal de virtud, lo que no deja de tener una componente higiénica muy práctica, ya que la difusión de los aromas neutralizaba los malos olores de la multitud, limpiando y desinfectando el aire de posibles contagios. Un buen olor es el símbolo de una limpieza corporal y espiritual. Todas las religiones también en mayor o menor medida, han confiado en el poder aromático de las esencias para facilitar estados de meditación, contemplación y disposición del espíritu para una comunicación mística favorable.

LA DIMENSIÓN SIMBÓLICA DE LA MIRRA

MUERTE Y VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

Al ser usada en funerales y enterramientos, la mirra, a diferencia de otros inciensos y resinas, se asociaba con la muerte, con el dolor y sufrimiento y con el más allá. Es por ello que algunos teólogos han interpretado la mirra que los Magos regalaron al niño Jesús como símbolo y presagio del dolor y la muerte que sufriría Cristo como hombre.

Los egipcios creían que la mítica Ave Fénix, antes de morir, se refugiaba en Arabia, donde ponía un huevo de mirra, en el que después se introducía para arder en llamas y resurgir de sus cenizas.

En la actualidad, el humo aromático sagrado sigue presente en ritos religiosos de los cristianos católicos y ortodoxos, judíos, budistas e hinduistas.

Aún es posible sentir los aromas de inciensos y mirras en algunas ciudades andaluzas, como en Sevilla al llegar la Semana Santa y sus procesiones, ya que incluso algunas hermandades como la del Cristo del Amor, tiene su propia mezcla aromática que la distingue de las demás, compuesta de olíbano en polvo y en grano, mirra, hojas de romero y cáscaras secas de limonero y de naranjo amargo. O la de la Hermandad del Silencio, cuya mezcla aromática se basa en una fórmula que data del siglo XVI y está recogida en el Libro de Reglas de la Archicofradía.

EROTISMO, BELLEZA Y SEDUCCIÓN

La mirra es un aroma conectado con lo espiritual, capaz también de seducir en lo terrenal: de los templos pasó a perfumar casas y cuerpos, no sólo como ingrediente higiénico y estético, sino como un elemento de seducción y atracción sexual. En el Libro bíblico de Esther se cita su proceso de purificación con mirra durante seis meses antes de celebrar sus esponsales con el gran rey persa.

El perfume de la mirra, en el Cantar de los Cantares de Salomón, es el aroma del amor mismo y del amante:

“Mi amado es para mí un manojito de mirra, que reposa entre mis pechos”

Nacimiento de Adonis. Grabado de Villenave 1807

En el origen del árbol de la mirra se encuentra el mito griego de la princesa Esmirna -que en griego significa mirra-, convertida en árbol, de cuyo tronco y vientre nacerá su hijo Adonis: las lágrimas de su madre se convirtieron en resina, y su hijo, el más bello y amado, olía a mirra.

“Mientras ella hablaba, la tierra vino a cubrirle las piernas, se le rompen las uñas y por ellas se extiende una raíz atravesada, fundamento de su largo tronco, los huesos cobran dureza, y mientras su médula sigue ocupando la región central, la sangre se convierte en savia, los brazos en grandes ramas, los dedos en pequeñas, y la piel se le endurece en calidad de corteza. Y ya el árbol que la va invadiendo le había apretado el grávido vientre y sepultado el pecho, y estaba a punto de taparle el cuello: no soportó ella la espera, y, saliendo al encuentro de la madera que se le acercaba, se hundió en ella y sumergió en la corteza el rostro. Y aunque ella perdió, a la vez que el cuerpo, sus antiguos sentidos, llora, sin embargo, y del árbol manan tibias gotas. También sus lágrimas tienen calidad, y la mirra que destila el tronco conserva el nombre de su dueña y ninguna época dejará de celebrarla.”

Publio Ovidio Nasón. Metamorfosis.

 

LA MIRRA COMO PERFUME ORIENTAL Y EXÓTICO

Como perfume, el olor de la mirra pertenece a la familia olfativa de los aromas balsámicos. Es un olor delicadamente especiado, cálido, con un punto refrescante como suelen ser los bálsamos. Tiene evocaciones olfativas orientales y espirituales.

Hoy en día, en que la perfumería actual se ha visto invadida por componentes químicos y fragancias sintéticas, la mirra ya no ocupa el lugar tan preponderante de antaño, aunque a veces protagoniza propuestas que intentan recuperar los aromas puros antiguos: Fidji de Guy Laroche, Mirra Ardente de Annick Goutal, Le Jardin de Max Factor.

En perfumería natural, la mirra puede actuar como fijador de perfumes. Con una gota de su aceite esencial es posible incluso cambiar por completo un aroma, tal es la fuerza de sus matices.

EL ACEITE ESENCIAL DE MIRRA

Propiedades terapéuticas:

Antálgico, anti-inflamatorio, inmunoestimulante, armonizador del sistema nervioso central, armoniza y reequilibra los ritmos -biológico, físico, inmunitario, emocional y psicológico.

Propiedades dermocosméticas:

Cicatrizante, regenerante celular, aumenta la resistencia de la piel, anti degenerativo. Es de valor excepcional en tratamientos antiarrugas, estrías y cicatrices.

Propiedades energéticas:

De aroma reconfortante, para momentos de agotamiento y desgaste emocional, y para situaciones de encrucijada en la vida, ante las etapas importantes y cuando uno debe tomar un camino.

Al igual que resulta cicatrizante a efectos de la piel, también ayuda a cerrar las heridas del alma: cura las heridas psíquicas, ayuda a aliviar el dolor y la pena, sobre todo en casos de pérdida o rechazo, ayuda a levantar el ánimo y a volver a sentirse bien, a recuperar la serenidad de la mente y la tranquilidad calmada, adecuada por tanto en estados de fatiga mental por preocupación.

Abre los caminos de la comunicación a todos los niveles, uniendo lo espiritual a lo físico.

Algunas fuentes consultadas: Aromaterapia sagrada, Enrique Sanz Bascuñana, Los árboles invisibles: “Lágrimas de la mujer árbol”, Aromaterapia científica y familiar, Antonia Jover, Biovegetalis, A. Labib Martínez.