EL ROCÍO DE PRIMAVERA. RENACER Y RESUCITAR

Uno de los mayores placeres de mi primera hora del día, es salir en silencio al jardín, después de una noche serena y despejada, con el sol comenzando tímidamente a desperezarse, para contemplar una bruma plateada y luminosa, compuesta de miles de moléculas de agua, de humedad posada sobre el césped y sobre las hojas y flores de las plantas, que va lentamente desapareciendo a medida que el sol calienta y de nuevo se lleva de vuelta esa humedad que se ha ido posando durante la noche.
Es un momento de una belleza excepcional, con una atmósfera especial y una luz difícilmente capturable en una fotografía, ya que se produce un contraste muy fuerte de sombras y luces.
Las pequeñas gotas del rocío lanzan destellos brillantes desde el corazón de las hojas recién nacidas de los árboles, desde el cáliz de las flores primaverales, desde la trampa descubierta de una tela de araña.
Es el momento de la rociada, como recuerdo que la llamaba mi madre siendo yo niña, quien también me decía que la lluvia de primavera me hacía crecer el pelo.

 

La sangre verde

Vista microscópica de los cloroplastos, los cuales contienen la clorofila, presentes en una hoja de planta. Fuente: Wikipedia

Lo verde en la tierra, la humedad y la energía del sol: la fórmula mágica gracias a la cual respiramos, nos alimentamos y vivimos en este planeta, y que manifiesta toda su extraordinaria potencia en primavera: la luz, el agua y el poder transformador del reino vegetal, que convierte en alimento a la energía inorgánica gracias a la energía luminosa.
La sangre verde de las plantas, que impulsa el crecimiento y la vida desde la minúscula hoja de una margarita hasta la majestuosa fronda en la copa del fresno.
Hoy en día, conocemos gracias a unos químicos franceses, la explicación científica a este milagro verde, que radica en una biomolécula llamada clorofila, fundamental en el proceso de la fotosíntesis, y que se logró aislar de las hojas de las plantas, allá por el año 1817.
El conocimiento científico de este fenómeno que estudiamos desde bien pequeñitos en la escuela, no nos debería de despistar de la importancia extraordinaria y del valor de este proceso en la naturaleza; creo que tiene un valor sagrado, que antiguamente se explicaba en las culturas que nos precedieron, como sagrado y simbólico, y que en esta sociedad nuestra tan racional y científica, por el hecho de conocer cómo se produce, parece que haya perdido toda su excepcionalidad e importancia.
Esta molécula verde es la responsable de la existencia de vida superior en nuestro planeta. La clorofila es la demostración palpable de la fuerza vital de las plantas sobre nuestra salud, sobre nuestra vida.
Gracias a la clorofila, las plantas se nutren y nos alimentan.
La estructura molecular de esta sangre verde de las plantas, de la clorofila, es muy parecida a la sangre roja que corre por nuestras venas: la hemoglobina, que es la molécula que se ocupa de transportar el oxígeno y de proporcionar ese color rojo a nuestra sangre, cuenta con un procedimiento muy similar, y se distinguen únicamente por el átomo central, que en el caso de nuestra sangre se compone de hierro, y en el caso de la clorofila es magnesio. No somos tan distintos.

El elixir de la vida buscado por los alquimistas

Fuente: Lámina IV. Recolección del rocío impregnado del influjo celeste. Altus, Mutus Liber, 1677 (7)

La revitalización de la naturaleza a través del incremento de la luz tiene lugar en primavera, y en la alquimia, éste es uno de los momentos más importantes, ya que se recoge el rocío de la mañana para la fabricación de elixires y medicinas espagíricas, por considerar que contiene el espíritu universal, la potencia máxima capaz de hacer renacer la vida (1).
El rocío en la alquimia, es la condensación del espíritu celeste, es la transformación del aire húmedo -la humedad con el frío se condensa en las gotas de agua-bajo la influencia de la luna y las estrellas, por las radiaciones infrarrojas, los rayos cósmicos y otras gamas de luz invisible, que materializan fugazmente la energía del cosmos que impregna la atmósfera, durante un instante, en la luz que atrapa la propia gota de rocío. Es la transformación el principio fundamental de la ciencia o arte de la alquimia, tanto de los metales como del reino vegetal y la propia naturaleza humana, a partir de los principios de la armonía universal entre el cielo y la tierra.
Los alquimistas entendían que era en el agua de rocío -también llamado elixir de la vida eterna, agua celestial o plata filosofal– donde se concentraban las fuerzas cósmicas que descendiendo del cielo impulsan la vida en la Tierra. Era el llamado Spíritus Mundi, que en el simbolismo hinduista es el Amrita o rocío de la inmortalidad. Nos dice Palmira Pozuelo en el artículo citado (1) que, si se ilumina esta agua de rocío con luz ultravioleta se puede observar cómo desprende una luminiscencia verde esmeralda, que sería la manifestación de ese espíritu de vida contenido en él.
La recogida del rocío se realizaba a la mitad de la primavera, en los meses de abril y mayo, con la presencia de la luna cuando se mueve de creciente a plenilunio, esto es, en luna llena (8), y según describe el médico espagírico Yabir Abu Omarse tienen que extender grandes lienzos de lino sobre las hierbas de los prados que poco a poso se irán empapando de rocío, y que se exprime en recipientes herméticos antes de que el sol toque el agua recogida y altere las propiedades lunares del rocío”(2).
Esta agua de primavera también se denominaba fuego de la naturaleza, porque es el que hace germinar las semillas, haciendo surgir la vida nueva a las plantas y su verde esencia. El rocío es la fuente de la primavera, de la naturaleza renovada.

La planta con nombre de alquimia

Fuente: Michael Gasperl (Migas) – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=316309

Los alquimistas buscaban sobremanera, prados con una planta en especial, que por la conformación de sus hojas redondeadas y dentadas en forma de cáliz captaba y retenía durante más tiempo el rocío de la mañana, se trataba de la Alchemilla vulgaris L., cuyo nombre científico procede del árabe alkemelych, que significa alquimia, también llamada pie de león, o manto o capa de señora, alquemila, alquimila, o pata de león. Es una planta que pertenece la familia de las rosaceas, que crece en praderas, pastizales húmedos y calveros en la alta montaña, es fácil encontrarla en los bordes de los caminos y en lugares húmedos, común en el Pirineo, las montañas cantábricas y el Sistema Central.
Está compuesta químicamente de taninos (ácido elágico), ácido salicílico, saponinas, fitosteroles, y aceite amargo, por lo que su principal virtud reside en la acción astringente y hemostática que la convierten en un remedio herbario muy adecuado para el tratamiento de problemas de circulación venosa deficiente y de sangrado en varices, flebitis, hemorroides y menstruaciones dolorosas y abundantes. Dicha capacidad astringente también resulta útil sobre heridas moderadamente sangrantes, úlceras, dermatitis, eritemas o enrojecimiento de la piel, conjuntivitis, inflamación de los párpados, orzuelos, llagas en la lengua y en el paladar, hemorragias nasales y hemorragias producidas por el afeitado con navaja o maquinilla.
Dioscórides dice que “hace volver la madre a su lugar”, es decir, capaz de recolocar los órganos femeninos (matriz) dilatados tras el proceso de embarazo y el trabajo de parto (3).
Según Lagunasu cocimiento de tal suerte aprieta y cierra las partes bajas que se pueden vender mil veces por vírgenes las que desean más parecer que ser, en efecto, doncellas, y aplicado el mesmo cocimiento a las tetas, las constriñe y reforma de tal manera que, aunque sean barjuletas, las vuelve como manzanicas de por Sant Juan” (4)

De Carl Axel Magnus Lindman – Bilder ur Nordens Flora, no. 297, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=432457

El renacer de la primavera y la resurrección en la Pascua

El regreso de Perséfone, Frederic Leighton, 1891

Desde la mitología griega con el mito de Perséfone que regresa del mundo de los muertos cada seis meses a la tierra para iniciar la primavera, y que se vuelve al submundo anunciando el invierno- hasta llegar al sincretismo del cristianismo, nuestras festividades primaverales emergen de un sustrato de ritos ancestrales, al que se ha superpuesto el calendario actual propio de las celebraciones litúrgicas del cristianismo, que es el marco socio religioso que define nuestra sociedad actual.
Los ritmos estacionales de la Naturaleza siempre han marcado la vida de los pueblos que nos precedieron, y se han celebrado en todas las culturas y religiones, tanto orientales como occidentales, festividades que marcan el paso de un ciclo a otro, como ocurre en la primavera, cuya celebración coincide con la festividad de la Pascua, la Pascua Florida, que se celebra el primer domingo después de la primera luna llena posterior al 21 de marzo, y que celebra la resurrección de Jesucristo: resurgir de la muerte para renacer.
Las raíces también resucitan volviendo a la vida tras el letargo invernal, y los nuevos brotes surgen con nueva vida en el movimiento ascendiente desde la tierra hacia el cielo: el Sol que une a la tierra con el cielo, Cristo que une al espíritu de Dios con los hombres. El sol, y Cristo son símbolos de la restauración de la vida y la promesa de renovación y eternidad. El profeta Oseas (5) compara a Yahvé con la lluvia de primavera, y con el rocío que hace crecer las flores.

El rocío, la Virgen y la Blanca Paloma

La festividad de la Virgen del Rocío de Huelva tiene en su origen y significación una relación directa con el renacer de la primavera, y con el agua creadora de vida contenida en el rocío, el elixir de la vida eterna para los alquimistas.
Muy probablemente, la razón de que el rocío y el Espíritu Santo -simbolizado en la Blanca Paloma-hayan convergido en este culto provengan de la liturgia empleada en las misas del domingo de Pentecostés, donde se dice:

“Oh, Señor, que la infusión del Espíritu Santo purifique y limpie nuestros corazones y penetrándolos hasta lo íntimo con su divino rocío, los haga fecundos”.

El rocío –Spiritus Mundi– sería el esperma divino que fecunda a la Madre Tierra, al igual que el Espíritu Santo permite -eliminando las connotaciones sexuales-a través de la Virgen María que Dios descienda al mundo en forma de Hijo, lo que claramente se refleja en este versículo:

“Cielos, enviad rocío de lo alto, y las nubes lluevan al justo: ábrase la tierra y brote el Salvador (Isaías, 45,8)”

Pero la tradición cultural cristiana no explica en toda su profundidad el fenómeno social que supone la romería de la Virgen del Rocío, ya que Huelva, la casa de la Reina de las Marismas se encuentra sobre un asentamiento tartésico con influencias fenicias, que bebían de tradiciones sumerias, y que celebraban ceremonias para atraer lluvias, buenas cosechas, prosperidad e hijos a partir de una liturgia abiertamente sexual y orgiástica, en la que también aparece como siempre una diosa fértil, un padre, el dios toro, y un hijo (6) (9).

Hay que entender entonces a Huelva como heredera de ese culto ancestral, que permanece en el fondo de las tradiciones de los pueblos, y que explican la aparente contradicción entre la adoración a una sufrida Virgen en medio de la gigantesca fiesta de flores, vino, baile y música que celebran los romeros, que no hacen otra cosa más que celebrar el triunfo de la primavera, y el renacer de todas las formas de vida, manteniendo los ritos cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos.

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(1) Palmira Pozuelo, artículo El rocío y la alquimia de las plantas, en: https://palmirapozuelo.com/el-rocio-y-la-alquimia-de-las-plantas/
(2) Javier Arroyo, artículo Un alquimista en el siglo XXI, El país, 8 marzo 2003
(3) Dice Palmira Pozuelo que “Simbólicamente es bello observar la relación del útero femenino con el mito del Grial como vaso que acogería el espíritu (un ser, un espíritu humano) y la forma de la hoja de la alquemila, una planta que también en su hoja, a modo de vaso griálico capta ese espíritu cósmico, o “Spíritus Mundi” articulo citado.
(4) Font Quer, Pio. Plantas medicinales El Dioscórides Renovado, Península, 1964, pág. 338.
(5) Libro de Oseas, Antiguo Testamento. Os, 6,3; 14,6
(6) Raúl Ortega, El rocío secreto, https://www.odiseajung.com/editoriales/el-rocio-secreto/
(7) https://escuelandalusi.es/biblioteca/alquimia/alquimia-el-enigmatico-mutus-liber-vasilius-2a-parte/
(8) El Mutus Liber o Libro Mudo contiene 15 láminas o imágenes de una pareja de alquimistas realizando una secuencia de operaciones alquímicas con la intención de elaborar la Piedra Filosofal. En la cuarta lámina se muestra el proceso de recogida del rocío. (9)En el Egipto Antiguo la unión sagrada de Osiris e Isis -y su hijo Horus- simbolizaba la renovación de la Naturaleza.