LOS LLAVEROS DEL CALENDARIO ARBÓREO CELTA
Con este llavero-amuleto que hemos ideado, queremos acercarte a tu árbol protector, según la cultura celta.
Los druidas vieron en el Calendario Arbóreo no sólo lo netamente predictivo, -esto no es un horóscopo al uso- fueron más allá, en búsqueda de una respuesta sobre el tipo de personalidades y los comportamientos probables de estas, tanto desde lo positivo como desde lo negativo.
Armaron una especie de patrón del perfil de los individuos, con el fin de que cada persona obtuviera lo mejor de sí, liberara lo negativo y aprovechara sus aspectos positivos. Para que conociera sus limitaciones, y pudiera canalizarlas a través de la energía arbórea y el poder de los dioses, y reconvertirlas en potencialidades, concibiendo lo que podríamos llamar una guía de inspiración para la vida.
Los llaveros del calendario arbóreo celta son un canto a la naturaleza, una búsqueda y un reencuentro con el poder de los árboles como dadores de vida, oxígeno, alimento y medicina, y como captadores de la energía, del cielo y de la tierra, de la que formamos parte.
Es una manera de recuperar el poder de la intuición y la observación atenta y respetuosa de la naturaleza, a través de los árboles.
Es una forma de practicar el respeto por nuestro medio natural: conocerlo, adoptar la sabiduría de los pueblos que nos precedieron en su amor y cuidado por los bosques, y conectarnos con su energía sanadora.
A cada persona, en función del día y mes de su nacimiento, le corresponde un árbol, con el que puede conectar.
El árbol con su nombre, viene grabado en el anverso del llavero.

¿QUIERES SABER CUÁL ES TU ÁRBOL?

EL CARÁCTER ARBÓREO DE TU PERSONALIDAD
Cada árbol define un rasgo de personalidad sobre el nacido en su época. Un rasgo destacado por encima de los demás, que le caracteriza y le distingue del resto de personas.
El rasgo definitorio de tu personalidad, según el árbol que te corresponde, viene grabado en el reverso, junto con las fechas que corresponden al mismo árbol.

En un pergamino adjunto, elaborado a mano con papel reciclado por CEDINAMO (cedinamo.es), y en forma de marcapáginas, aparecen resumidas las líneas más destacadas de la personalidad de ese signo arbóreo. 

El conjunto: llavero y marcapáginas, viene presentado en un sobre de papel reciclado también, y reciclable, que puede significar un bonito regalo, un presente para sorprender y sorprenderte.

Tendrás que abrir el sobre para descubrir el secreto de tu personalidad que se esconde en tu árbol.

¿QUIERES CONOCER ALGO MÁS DE LOS CELTAS, DE SU AMOR POR LOS ÁRBOLES Y SU MEDIDA DEL TIEMPO?
Los celtas poblaron buena parte de Europa hasta que los romanos y germánicos les fueron expulsando de sus tierras y terminaron por instalarse en el norte de las Islas Británicas, Irlanda, Francia y norte de España.
Cuando casi toda Europa se cristianizó, los conocimientos de la antigüedad sobre la observación de las estaciones climáticas, sus arquetipos, las plantas que daban su fruta o flor durante dichas estaciones y los eventos astrológicos particulares de cada una de ellas sobrevivieron en las islas británicas hasta entrado el siglo XVII. Las crónicas sobre su existencia, creencias y costumbres las tenemos por legado de autores griegos y romanos. La cultura celta es entonces suma y síntesis de saberes ancestrales provenientes de las culturas pre-griegas (pelasgos, tracios, aqueos, etruscos, etc.), e incluso semíticas (cananeos, fenicios, hebreos, etc.) pasadas por el tamiz de la interpretación de griegos y después romanos.
EL ÁRBOL PARA EL PUEBLO CELTA
Los árboles, en el mundo celta, significaban la esencia pura de la naturaleza, eran el hogar, símbolo de vida y protección; les imprimieron un carácter sagrado y a su alrededor desarrollaron toda su cultura. Se creía que el poder de los dioses se encontraba místicamente en cada uno de los árboles del bosque, y por ello, cada árbol era consagrado a un Dios o simbolizaba una virtud.
Los árboles eran para el pueblo celta además de fuente de energía, el nexo físico y divino entre el cielo y la tierra, con los tres planos representados, primero, por el tronco del árbol que significaba el mundo material porque de este extraían la leña y los alimentos. En el segundo plano se encontraba el mundo de los sueños, representado por las raíces del árbol que se internaban en el suelo subterráneo, donde se encontraba el inframundo y el mismo secreto de la sabiduría de la Tierra. El tercer plano estaba representado por la copa del árbol y sus ramas que se dirigían hacia el cielo y eran movidas por el viento; para los celtas era la parte del árbol que significaba el plano divino de la conciencia, el elevado plano suprahumano.
También simbolizaban el círculo de las estaciones, invierno-muerte, primavera-renacimiento.
Los druidas consideraban que cada hombre o mujer llevaba en su interior un árbol, por medio del cual alimentaba el deseo de crecer espiritualmente. De esta forma, el árbol se convertía en el protector material y espiritual de cada miembro de su pueblo.

Al nacer un niño, los celtas tenían la costumbre de plantar un árbol, compañero y consejero del recién nacido durante toda su vida, y cada uno cuidaba su árbol. Al morir, esa persona era enterrada bajo su árbol.

LA DIVISIÓN DEL TIEMPO PARA EL PUEBLO CELTA
En la cosmovisión celta, la Luna era el referente por el cual transcurrían los estadios de la vida, así como las labores del campo y los acontecimientos vitales. El tiempo estaba dividido en 30 meses (fases lunares) y los árboles sagrados formaban parte del tránsito de los días y los meses a lo largo del año, regían las distintas etapas del año, así como los nacimientos y el carácter de los nacidos durante esa fase. Cada árbol dotaba de una serie de cualidades a la persona que naciera en la época que le correspondiera su regencia.
A modo de horóscopo, el árbol que correspondía al periodo hablaba del carácter del individuo y su influencia, a través de su fruto le protegía de las vicisitudes de la vida.
A lo largo del tiempo existieron diferentes sistemas de clasificación de árboles. En conjunto, existen entre treinta y seis y cuarenta y ocho árboles nativos de importancia en la tradición celta. Todos tenían un carácter sagrado, aunque parece que había en particular trece árboles intocables, que crecían en bosques específicos que llamaban Nemat o Nemeton, la raíz gaélica Nemed significa sagrado o lugar de culto. Se asignaban también dos árboles para los solsiticios -Abedul en verano y Haya en invierno, dos para los equinoccios -Roble en primavera y olivo en otoño- y los restantes repartidos a lo largo del año.
El ciclo anual tenía inicio en noviembre ya que en la noche del 31 de octubre se recibía al nuevo año céltico, Samhain, o Fin del Verano.

EL CALENDARIO LUNAR ARBÓREO CELTA

El calendario lunar arbóreo celta está configurado por la antigua secuencia irlandesa del alfabeto y calendario de los árboles, conocida como alfabeto de Ogham o Beth-luis-nion, a partir de los tres primeros árboles sagrados: el abedul, el serbal, y el fresno, y se cree, asociado a un sistema de adivinación. Este sistema fue recopilado por Roderick O´Flaherty y es considerado una reliquia del druidismo antiguo. Las trece consonantes originales del alfabeto ógmico están relacionadas con los trece meses lunares y arbóreos del calendario druídico, estos calendarios lunares son similares a los de otras culturas como la maya.
Se trata de 13 meses lunares de 28 días, nombrados según el árbol/planta predominante de cada luna del año. Hay además un día extra, 23 de diciembre, conocido como “el día sin nombre”, cuya planta regente es el muérdago, antigua panacea.
Aunque el calendario de los árboles sobrevive como la secuencia de letras del irlandés antiguo, reconstrucciones históricas como las de James Frazer, Robert Graves y Martin Bernal, revisiones como las de la antropóloga Anamaría Ashwell y la astróloga Helena Paterson confirman en él la permanencia de complejos sistemas filosóficos y mágico-religiosos similares, basados en la observación del mundo natural, las estaciones y las estrellas.

Precio del llavero, con marcapáginas en sobre regalo: 8,50 €

Los calendarios más antiguos eran de 13 meses -siendo el 13 un número lunar por excelencia-, los romanos estabilizaron el año con una cuenta de 12 meses; estableciendo una estructuración del tiempo acomodada a las nuevas demandas teológicas. También se reconocen en este calendario celta legados indoeuropeos, del Asia menor y del norte de África.