Esta es una crema facial de día, protectora, nutritiva y especial para estas inclemencias del tiempo invernal-primaveral que estamos teniendo, en las que un día hace un sol brillante, y al otro un frío helador.

Los dos ingredientes novedosos y estrella, que hemos añadido a los macerados de plantas habituales, son la flor de hibisco y la manteca de karité.

 

El Hibiscus sabdariffa L. es una variedad vegetal originaria de la India, aunque su cultivo y utilización en preparados medicinales, estéticos y culinarios se extendió muy pronto por todo Oriente Medio y el Mediterráneo.

También llamada la rosa de China, el hibisco que utilizamos procede de flores secas pulverizadas, certificadas de cultivo ecológico, lo que asegura estar exentas de pesticidas y todo tipo de contaminantes agroquímicos habituales en la agricultura convencional.

El uso del exótico hibisco se hizo muy popular en nuestra península en la época de Al-Andalus, ya que adornaba y perfumaba los jardines, los tocadores y las cocinas andalusíes.

El botánico sevillano Abul-Abbas-el-Nel recogió en alguna de sus obras sus propiedades y todos los usos que en Oriente Medio se hacía de los pétalos secos y molidos, tanto para un uso cosmético, como de belleza, en composiciones coloreadas de maquillajes, y aromáticas de perfumes.

Sus flores secas de cultivo ecológico contienen gran cantidad de ácido cítrico, malico y tartárico, son ricas en antioxidantes y en mucílagos, que aportan suavidad y protegen la piel de la deshidratación. También figuran entre sus ingredientes las antocianinas, pectinas y polisacáridos.

A nivel cosmético, estimulan la regeneración celular, y su uso continuado contribuye a la eliminación de manchas y la atenuación de arrugas.
Adecuada para pieles secas y maduras, y para las que necesiten aportar hidratación y suavidad.
Se incorpora macerada en hidrolato, infusionada, o en extractos hidroglicerinados, y es la responsable de ese color sonrosado tan suave.

Ingredientes: Flor de hibisco molida(*) macerada en hidrolato de romero(**), caléndula(***), malva y manzanilla(*) maceradas en aceite de almendras, sésamo y oliva(*), emulsionante vegetal(*), manteca de karité (*), conservante ecológico, Aceite esencial de palo de rosa, Aceite esencial de palo de h´Ô, Aceite esencial de geranio de Egipto(****).

(*) certificados ecológicos (**) destilación propia en alambique de cobre, con planta recolectada en Liébana (***) procedente de cultivo ecológico propio (****) quimiotipados BIO

Otro de los ingredientes altamente reparadores es la manteca de Karité, poderoso reafirmante de origen vegetal y extremadamente hidratante. Utilizado durante años por las pieles africanas, de donde es originario. La manteca de karité actúa recubriendo la piel con una película invisible que evita la deshidratación y la protege de las agresiones externas, como el sol, el viento o los cambios bruscos de temperatura. Es muy eficiente en la regeneración de la piel, calma las pieles irritadas y es uno de los más efectivos antienvejecimiento que existen en la naturaleza. Además, lo que es muy importante también en invierno, ayuda a proteger la piel de las radiaciones UVB y UVA actuando como protector solar.
Mejora la elasticidad de la piel por sus propiedades nutritivas y su alto contenido en vitamina F, componente vital de las membranas celulares.Es un anti-irritante por excelencia, lo que convendrá a las pieles que enrojecen con facilidad, con tendencia alérgica.

Caléndula, malva y manzanilla son indispensables para todas aquellas personas que sufran de una piel sensible. Sus propiedades suavizantes y desinflamatorias hacen bajar hinchazones, disimular ojeras, rojeces e incluso también para aliviar reacciones alérgicas, dermatitis, etc. Propiedades que se acentúan por los aceites vegetales en que se han macerado, que aportan una gran cantidad de vitamina E y  como el sésamo, un gran protector solar, y que resultan excelentes nutritivos para nuestra piel.

El color rosado del tinte de las flores de hibisco, que incorpora a esta crema, se complementa con la fragancia rosada de los aceites esenciales que la perfuman, el palo de rosa, el palo de h´ô, y el geranio, una selección especial para hidratar, suavizar y revitalizar. Son estimulantes celulares, de acción tónica y adaptógena, equilibrantes hormonales y emocionales, que previenen la aparición de arrugas y manchas, ejercen un efecto tensor en la piel y combaten todas las secuelas del paso del tiempo.