La aliaga[1] florecida ilumina con sus flores amarillas los campos de esta primavera cuyas nubes grisáceas nos recuerdan aún al frío del invierno.
Ciertamente, este arbusto no se hace querer, porque es terriblemente pinchudo tal y como su nombre científico ya avisa: Genista scorpius, recordando a las agujas del escorpión.
La árgoma, aliaga, ilaga o aulaga es una especie de planta arbustiva perteneciente a la familia de las fabáceas.
Sin embargo, esta deforme, fea, retorcida y agresiva mata nos simpatiza no sólo por el luminoso amarillo de sus delicadas flores sino por la extraordinaria labor de regeneración que realiza en suelos pobres y resecos, eriales estériles, agotados y casi desertizados en que brota ya que, como todas las leguminosas, tiene el poder extraordinario de enriquecer la tierra gracias a la simbiosis con una bacteria, llamada rizobio (Rhizobium sp), que para poder vivir necesita de sus raíces, y en pago toma el nitrógeno del aire y lo fija, nutriendo no sólo a la leguminosa, sino abonando el propio sustrato donde se asienta[2].
Por eso, si arrancáramos una de estas plantas, entre sus raíces descubriremos unas bolitas compuestas por millones de estos rizobios, agentes fijadores del nitrógeno, que son los que alimentan la tierra dura y pobre, con exceso de cal, yeso o arcilla, y falta de nitratos.
Encontrar aliagas es un signo de esperanza, ya que empiezan a colonizar esa tierra empobrecida para convertirla en tierra nutrida, ¿No se le puede por esto perdonar la agresividad de sus punzones afilados?
Encontrar un aliagar es sentir la presencia cuidadora de unas plantas que protegen al suelo estéril de los paisajes calizos degradados aún tanto del calor abrasador como de los fríos heladores, dando tiempo a que sus raíces desde el interior, creen nuevo suelo, para nueva vida. Y a medida que la tierra se va alimentando y nutriendo, ella irá retirándose, después de su misión cumplida, dejando paso generosamente a espliegos y salvias, escaramujos y majuelos, enebros y sabinas, carrascas y robles.

Son las regeneradores del bosque primigenio perdido, las curadoras y creadoras de los nuevos bosques, si se les permite, ya que han sido tradicionalmente castigadas por los pastores, quienes las quemaban para evitar que el pastizal no se transformara en monte.
Y también se la prendía en llama abrasadora y explosiva, para chamuscar el grueso vello del cerdo antes de pasarle por el cuchillo en la matanza tradicional, o se la ataba en gruesos ramos para lanzarla por las chimeneas y arrastrarla arriba y abajo por sus paredes interiores y desconchar el hollín a ellas adherido.
Han sido sus matas pinchudas las que amontonadas sobre cercas de huertos, parras o muros de corrales, invitaban a intrusos como zorros, gatos, ratones o garduñas a desviar su camino[3].
Sus flores, apreciadas por las abejas para hacer rica miel, también se han utilizado para teñir de amarillo la lana[4], que de esta forma quedaba por lo visto también, protegida de las polillas.
“He visto en Moncayo, a extranjeros, coger en la primavera sacos enteros de flor de aulaga y llevarla a sus tierras sin querer confesar para qué; sospecho es para tinta de lanas o paños y tapicerías…”
p. 372 Font Quer, P. “Plantas medicinales. El Dioscórides renovado”
Sus virtudes como planta medicinal, han sido ya olvidadas: utilizada tradicionalmente como purgante y diurética, también se empleaba para calmar un dolor de muelas o tratar afecciones hepáticas.
Sus flores, puestas a fermentar con azúcar, eran empleadas por los salmantinos para restablecer las fuerzas decaídas[5], y hubo remedios populares famosos, a principios del siglo XIX, con el polvo de las semillas, ya caídos en desuso.
[1] Conocida con nombres comunes como: árgoma, aulaga, piorno, retama, tojo, ulaga. No confundir con el brezo
[2] https://losojosdeljucar.com/ecologia/la-aliaga-genista-scorpius/
[3] Inventario español de los conocimientos tradicionales relativos a la biodiversidad. MITECO (Ministerio de la Transición ecológica y el reto demográfico). VVAA. https://www.conecte.es/index.php/es/plantas/984-genista-scorpius
[4] Por lo visto no de muy buena calidad, a juzgar por lo recogido en el año 1500: Real cédula acerca del cumplimiento de las ordenanzas referentes a la fabricación de paños. «Otro si, hordenamos e mandamos que los tyntoreros tingan muy bien los pannos, cada uno de la color que le fuere pedida syn faser falsedad ni maestria ninguna, conforme a las muestras que toviesen los veedores; e que no tingan con moladas, ni ferrete, ni çumaque, ni torbisco ni velesa ni aliaga ni con ninguna otra tynta falsa, sy no que demuden los pannos para negros e para todas las otras colores con su rubia legitimamente e no con otra cosa alguna, eçebto para verde que se ha de demudar con gualda». (GARCIA-GOYENA, Docts. Hist. Málaga, II, 63-64) López de Coca.
[5] p. 372 Font Quer, P. “Plantas medicinales. El Dioscórides renovado”A