El perfume de una flor etérea y sutil, nacida para alojarse en lo más íntimo del recuerdo
Cuando hace unos meses Ana Gema nos encargó un “perfume de madreselva y jazmín”, ella no imaginaba que nos enfrentaba al reto más difícil, uno de esos en los que nunca nos habíamos querido embarcar, porque no han sido una ni dos las mismas peticiones que, a lo largo de todos estos años, hemos ido recibiendo.
Sin embargo, ahora nos lo pide Ana Gema, y dejadme que os cuente algo sobre ella: es una persona a la que tenemos un cariño profundo y especial, a la que tenemos en muy alta estima, no sólo por su dulzura, su amabilidad y esa luz especial que irradia a su entorno y hace la vida más bonita a su paso, sino también por su lealtad y su inquebrantable confianza en nuestro trabajo desde nuestros inicios. Ella creyó en nosotros cuando empezamos, incluso en ocasiones mucho más que nosotros mismos, y su apoyo constante y permanente nos ha reconfortado más de una vez en este camino, no siempre sencillo, que escogimos hasta llegar al día de hoy, en que su arrolladora fe en nosotros ha arrastrado también a su encantadora familia, hijos y nietos, que a estas alturas consideramos ya como la nuestra. Comprenderéis ahora por qué no nos podemos negar a su petición.
Pero no nos asusta únicamente el reto de cumplir las expectativas de alguien tan querido por nosotros —que no es pequeño—, sino todo lo que se esconde detrás de una flor que, cuanto más estudiamos, más difícil parece de atrapar.
La complejidad de un aroma
En uno de los estudios clásicos realizados sobre Lonicera japonica se identificaron alrededor de 150 compuestos volátiles en el material floral analizado: hidrocarburos, alcoholes, aldehídos, cetonas, ésteres y otros compuestos. Entre los componentes considerados especialmente característicos de su fracción volátil se señalaron el linalool, la (Z)-jasmona, la (Z)-jasmona lactona, el metil jasmonato y el metil epi-jasmonato.¹ Pero tener tal cantidad y complejidad de compuestos no explica por sí solo la dificultad: otras flores también poseen mezclas extraordinariamente complejas. Lo verdaderamente interesante es que la percepción de un perfume no depende necesariamente de las moléculas que aparecen en mayor cantidad. Algunas sustancias presentes en concentraciones muy pequeñas pueden tener, sin embargo, una influencia enorme sobre la impresión aromática final. Por eso, conocer la composición química de una flor no equivale todavía a conocer cómo huele. La química nos proporciona una parte del mapa, pero el olor que finalmente percibimos nace de la interacción de todos esos componentes.
Y quizá aquí comienza a comprenderse por qué la madreselva resulta tan difícil de convertir en una materia perfumística. No estamos ante una sustancia única escondida en el interior de la flor, esperando ser extraída, sino ante una composición delicada y extraordinariamente sutil, en la que muy pequeñas cantidades de determinados compuestos muy volátiles pueden contribuir decisivamente a su impresión aromática mucho más que los que aparecen en mayor cantidad.
Una flor viva y cambiante
El perfume de una flor no es una esencia inmóvil que permanece esperando a ser extraída. Es una emisión viva, sometida al reloj de la planta, al momento de su floración, a la luz, a la temperatura, al ambiente y a la relación que mantiene con quienes la polinizan. En muchas especies vegetales, la emisión de compuestos volátiles sigue ritmos diarios y puede variar tanto en intensidad como en composición. En Lonicera japonica, además, este fenómeno está especialmente bien documentado: mediante un análisis de dynamic headspace se estudiaron las emisiones de las flores vivas a lo largo de todo el día y se observó que es en la noche donde revela una de sus expresiones olorosas más genuinas, únicas e intensas.¹
Por eso, cuando hablamos de la madreselva quizá deberíamos dejar de pensar en “un aroma” y empezar a imaginar un paisaje aromático que cambia con las horas. Si alguien nos pidiera que describiéramos exactamente el olor de una madreselva, tendríamos que preguntarnos: ¿de qué especie de Lonicera hablamos?, ¿en qué fase de su floración?, ¿a qué hora del día?, ¿en qué condiciones ambientales?, ¿en qué estado se encontraba la flor y qué estaba ocurriendo a su alrededor? La pregunta empieza a cambiar. Ya no estamos intentando reproducir una sustancia, sino aproximarnos a un fenómeno aromático dinámico.
Cuando intentamos capturarla
La dificultad se hace todavía mayor cuando intentamos extraer ese aroma. Cuando sometemos una flor a un procedimiento de extracción, el proceso puede modificar precisamente aquello que estamos intentando conservar. Algunos compuestos muy volátiles pueden perderse, otros pueden transformarse y las proporciones relativas de la mezcla pueden cambiar. Por eso, extraer la esencia de una flor no significa necesariamente conservar el perfume que percibimos cuando está viva.
En el caso de la madreselva, además, no existe un aceite esencial obtenido mediante destilación por arrastre de vapor que se comercialice de manera habitual y comparable a los aceites esenciales que conocemos de otras plantas aromáticas, como la lavanda, el romero o el tomillo. Existen referencias históricas a extractos naturales y a absolutos obtenidos mediante técnicas como el enfleurage, y todavía hoy algunos perfumistas artesanos realizan experiencias de este tipo, pero no existe una materia prima de madreselva destilada que forme parte del mercado habitual de aceites esenciales.² La dificultad está relacionada con la extremada delicadeza de su perfil aromático y su complejidad.
Y aquí apareció ante nosotros una pregunta inevitable: si la flor cambia, si su perfume está formado por tantos matices y si además algunos de ellos son tan frágiles y volátiles, ¿cómo podemos llegar a conocer realmente aquello que está desprendiendo al aire?
Escuchar el perfume sin arrancárselo
Fue entonces cuando descubrimos una técnica que nos pareció fascinante: el headspace. No se trata de extraer la flor, ni de destilarla, ni de arrancarle sus moléculas aromáticas. Consiste, simplificando mucho, en recoger y analizar el aire que rodea a una flor viva para estudiar los compuestos volátiles que está liberando en ese momento. Es, de alguna manera, una forma de escuchar el perfume de una flor sin arrancárselo.⁸
Detrás de esta preciosa imagen poética, hay una técnica analítica de enorme sofisticación. El aire que rodea la flor puede recogerse bajo condiciones controladas y sus compuestos volátiles analizarse posteriormente mediante técnicas como la cromatografía de gases y la espectrometría de masas -GC-MS-⁶ permitiendo obtener una especie de fotografía química de aquello que la planta está emitiendo en ese instante.¹ Si repetimos el análisis a otra hora, en otro estado de floración o bajo otras condiciones ambientales, esa imagen ya no es la misma. Esta tecnología analítica tan avanzada no intenta necesariamente arrancarle el perfume a la flor, sino escuchar lo que está diciendo mientras permanece viva.
Cuando buscamos “madreselva” en un frasco
Y entonces apareció otra pregunta, mucho más práctica: si la flor es tan difícil de extraer y capturar, ¿qué es exactamente aquello que encontramos cuando buscamos “madreselva” en un perfume o entre las materias primas de perfumería?
Cuando encontramos “madreselva” en un material de perfumería podemos estar ante realidades bastante diferentes. Puede tratarse de un extracto natural de una especie concreta de Lonicera; puede ser una reconstrucción de perfumería, es decir, una composición creada específicamente para reproducir el perfil olfativo de la flor mediante una combinación de materias aromáticas, que pueden ser de origen natural, sintético o mixto; o puede tratarse de un acorde botánico, construido exclusivamente a partir de materias primas naturales para evocar la impresión olfativa de la madreselva.
La reconstrucción de una flor cuyo aroma resulta difícil de capturar es una de las herramientas más fascinantes de la perfumería. Puede acercarse muchísimo al olor de la flor viva y proporcionar una materia prima excelente para una composición, aunque no proceda de la madreselva. Y no deja de ser una interpretación. La propia literatura especializada sobre madreselva insiste en que estas reconstrucciones son necesariamente aproximaciones abstractas: evocan la flor, pero no equivalen a haber capturado su perfume vivo.³
Lo difícil resulta cuando no sabemos diferenciar cuál estamos comprando. Por eso, en una materia prima como ésta, el nombre comercial no debería ser nuestra única referencia: para nosotros, lo importante es conocer el nombre botánico, la parte de la planta utilizada, el procedimiento de extracción y la documentación disponible, porque elegimos mantenernos lo más fieles posible al lenguaje de las materias primas naturales.
La experiencia olfativa -íntima y personal-
Y aquí aparece quizá la mayor de las dificultades: Ya hemos visto que la madreselva se resiste a convertirse en una esencia única. Su perfume no es inmóvil: es una expresión viva, compleja y cambiante, que la flor entrega al aire de una manera distinta según su especie, la hora, el momento de su vida, las condiciones ambientales y el mundo que la rodea. La ciencia puede estudiar esa emisión, identificar moléculas y comparar perfiles; la extracción puede conservar una parte de su materia aromática; la perfumería puede interpretar todo ello y construir una composición.
Pero a eso le tenemos que sumar la experiencia olfativa de cada persona.
El olfato mantiene una relación extraordinariamente estrecha con las estructuras cerebrales vinculadas a la memoria autobiográfica y las emociones. Las investigaciones sobre memoria olfativa confirman que los olores pueden actuar como poderosos evocadores de recuerdos personales, ligados a experiencias concretas y emocionalmente significativas, pero la asociación entre un olor y un recuerdo es extraordinariamente individual.⁴
Por eso, cuando alguien quiere un perfume de madreselva, en realidad puede estar buscando algo mucho más difícil de definir que una reproducción química de Lonicera. Puede estar buscando la madreselva que vive y que ha recreado en su memoria: la de un jardín, una casa, una tarde de verano, una persona querida, un lugar y un tiempo al que quizá ya no se puede volver. Y ésta, a nuestro modo de ver, es la mayor de las dificultades que presenta el reto de hacer un perfume de madreselva.
Porque ¿cómo reconstruir aquel instante irrepetible?
Quien busca en un frasco el aroma de madreselva no busca una determinada composición química, ¿no buscará encontrarse con la madreselva que alguna vez olió, en un lugar concreto, en un momento concreto de su vida?. Y en ese pulso, ¿ganará la memoria?
Afrontando el reto
Así que, con todos nuestros miedos, nos enfrentamos a la osadía de crear un perfume de madreselva. Trabajaremos con materias aromáticas naturales, estudiaremos lo que la ciencia nos permite conocer de su composición, observaremos sus notas olfativas, probaremos distintas combinaciones y ajustaremos una y otra vez las proporciones hasta encontrar un acorde botánico que, sin pretender copiar la flor, pueda acercarse a la impresión que deja en nosotros.
No caemos en la soberbia de jugar a ser dioses en el intento de replicar exactamente el aroma que produce una flor, algo que ellas llevan perfeccionando la friolera de millones de años de proceso adaptativo. Con toda nuestra humildad, intentaremos acercarnos a su lenguaje olfativo, desde el respeto y la admiración por algo tan sublime como irreplicable. Nuestro propósito será escuchar lo que ella y otras plantas afines pueden contarnos y construir, con sus propias materias aromáticas, nuestra particular interpretación.
Y quizá ahí encontremos también el verdadero sentido de nuestra pequeña perfumería botánica artesana. Desde la admiración más profunda por lo que la naturaleza hace de una manera infinitamente más compleja y perfecta, trabajar a otra escala, con nuestras manos, con nuestra sensibilidad y con el conocimiento de las materias que tenemos a nuestro alcance. Queremos acercarnos al lenguaje de las plantas.
La madreselva guarda otro secreto
Y entre tanto, nos apareció una señal: en una antigua tradición irlandesa, la madreselva —woodbine, la enredadera del bosque— aparece asociada a una planta de extraordinaria fuerza, capaz de entrelazarse con los árboles y abrazarlos con sus largos tallos. En algunas tradiciones irlandesas, además, aparece vinculada a la protección del hogar y a la defensa frente a aquello que pudiera amenazarlo. ⁵
Nos conmovió encontrar esta historia después de que Ana Gema hubiera elegido precisamente esta flor. Porque, sin haberlo buscado, la madreselva nos trae un mensaje cargado de sentido: el vínculo, la permanencia, la protección y esa forma silenciosa de cuidar que a veces encuentra su mejor expresión en un abrazo.
Así nació la inspiración para comenzar esta aventura desde nuestra pequeña perfumería botánica artesana: Crear un perfume nacido de la gratitud y del vínculo, pero suficientemente hermoso y abierto como para que pueda encontrar también su lugar en la memoria de otras personas que sienten una especial atracción por esta flor.
El proyecto que comienza ahora
Durante las próximas semanas prepararemos interpretaciones diferentes del acorde de madreselva, buscando caminos olfativos distintos, probando, oliendo, corrigiendo y volviendo a empezar tantas veces como sea necesario.
Cuando sintamos que nos hemos acercado a esa sensación tan particular que nos inspira la madreselva —esa mezcla de flor, néctar, verde y verano— prepararemos una edición de perfume y colonia, dejando que la mezcla madure y permitiendo que la emoción tenga la última palabra.
La memoria de los aromas
Quizá esta sea la parte más bonita de toda esta historia. Porque los olores se engarzan en nuestra particular memoria íntima, ligados a esas experiencias que cada uno guarda en algún lugar profundo y que, a veces, una sola molécula aromática es capaz de despertar.
Cada persona lleva consigo su propio paisaje olfativo. Quizá nunca consigamos reproducir por completo aquel recuerdo exacto de quien persigue esta flor. Pero a buen seguro que intentaremos recrearlo, cocrearlo.
¿Hay algo más bonito que crear recuerdos?
Daremos lo mejor de nosotros, manteniéndonos fieles al lenguaje de las materias naturales y aceptando, con humildad, todo aquello que seguirá perteneciendo únicamente a la flor.
Ojalá el perfume de madreselva que creemos, esa flor que sabe abrazar amorosamente a los árboles y permanecer unida a ellos, encuentre también un lugar en vuestra propia memoria olfativa.
Ojalá algún día, al volver a percibirlo, os lleve de nuevo hasta aquel verano, hasta un jardín, hasta una persona, o hasta un instante que quizá todavía no existe, pero que se grabará indeleble en vuestros recuerdos más hermosos.
Y que, al hacerlo, os llene de paz, bienestar y felicidad.
NOTAS Y FUENTES
¹ Sobre la complejidad química y la emisión nocturna de la madreselva
El trabajo de Ikeda, Ishihara, Tsuneya y colaboradores, publicado en Flavour and Fragrance Journal en 1994, identificó alrededor de 150 compuestos volátiles en el material floral de Lonicera japonica y señaló entre los componentes relevantes linalool, (Z)-jasmona, (Z)-jasmona lactona, metil jasmonato y metil epi-jasmonato. Mediante análisis de dynamic headspace siguió además las emisiones de las flores vivas a lo largo del día, observando que la emisión odorante alcanzaba su máxima intensidad durante la noche.
Fuente: Ikeda, N. et al. (1994). “Volatile components of honeysuckle (Lonicera japonica Thunb.) flowers”. Flavour and Fragrance Journal, 9, 325–331.
² Sobre la extracción y la ausencia de un aceite esencial convencional de madreselva
La documentación especializada muestra un panorama complejo: existen referencias históricas a materiales naturales de madreselva, incluidos productos obtenidos mediante técnicas tradicionales como el enfleurage, pero no existe un aceite esencial de madreselva obtenido por destilación que forme parte del mercado convencional de aceites esenciales de manera comparable a los de lavanda, romero o tomillo. Esta diferencia es importante: no debemos confundir la ausencia de un aceite esencial comercial convencional con la afirmación absoluta de que el aroma de la madreselva no pueda obtenerse mediante ningún procedimiento extractivo.
Fuente: Anya’s Garden, “Ask the Perfumer: The Truth About Honeysuckle Absolute”.
³ Sobre las reconstrucciones de madreselva
La perfumería contemporánea utiliza acordes y reconstrucciones para evocar el carácter de la madreselva. Estas composiciones pueden combinar materias naturales y sintéticas y aproximarse notablemente a la impresión olfativa de la flor viva, pero siguen siendo interpretaciones: la propia complejidad y variabilidad de la emisión floral hace que cualquier reconstrucción sea, necesariamente, una aproximación.
Fuente: Première Peau, “Honeysuckle: The Scent of Childhood Summer”.
⁴ Sobre la memoria olfativa
La relación entre olfato, emoción y memoria autobiográfica está ampliamente estudiada. Los olores pueden actuar como poderosos evocadores de recuerdos personales y emocionalmente significativos, y las investigaciones señalan características particulares de la memoria autobiográfica evocada por olores. La estrecha relación entre el sistema olfativo y las estructuras cerebrales implicadas en memoria y emoción ayuda a comprender por qué una misma experiencia aromática puede adquirir significados profundamente diferentes para cada persona.
Fuente: Herz, R. S. (2004). “A Naturalistic Analysis of Autobiographical Memories Triggered by Olfactory, Visual and Auditory Stimuli”. Chemical Senses, 29(3), 217–224.
⁵ Sobre la tradición de la woodbine
La madreselva silvestre, Lonicera periclymenum, recibe en Irlanda y Gran Bretaña el nombre tradicional de woodbine. Diversas fuentes de tradición botánica y folklore recogen su asociación con la protección del hogar y con creencias populares relacionadas con la protección frente a aquello que pudiera amenazarlo. También aparece vinculada a su intenso perfume nocturno y a los polinizadores que visitan sus flores. Estas referencias deben entenderse como elementos de tradición popular y folklore, no como afirmaciones universales sobre todas las culturas irlandesas.
Fuente: National Folklore Collection, University College Dublin; fuentes de tradición botánica y folklore irlandés sobre woodbine.
⁶ GC-MS: qué significan estas siglas
GC-MS corresponde a Gas Chromatography–Mass Spectrometry, en español, cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas. La cromatografía de gases permite separar los distintos componentes de una mezcla volátil y la espectrometría de masas ayuda a identificarlos a partir de sus características espectrométricas. Es una de las herramientas fundamentales para investigar la composición de materias aromáticas y también se utiliza en el estudio y control de calidad de aceites esenciales. En el caso de la madreselva, Ikeda et al. utilizaron GC y GC-MS tanto para analizar el material floral como para estudiar las emisiones recogidas mediante headspace.
Fuente: Ikeda, N. et al. (1994), op. cit.
⁷ IFRA: qué significa y para qué sirve
IFRA corresponde a International Fragrance Association, Asociación Internacional de Fragancias. Sus Standards constituyen un sistema internacional de gestión del riesgo para el uso seguro de ingredientes de perfumería y establecen restricciones, limitaciones o prohibiciones para determinadas materias cuando existen motivos de seguridad. La documentación IFRA debe distinguirse de una certificación de origen natural o ecológico: que una materia disponga de documentación IFRA no significa que sea ecológica ni que proceda necesariamente de una planta.
Fuente: International Fragrance Association (IFRA), IFRA Standards.
⁸ Sobre el headspace** y las diferentes formas de estudiar el perfume de una flor**
La investigación contemporánea utiliza diferentes técnicas para estudiar los compuestos volátiles de las flores y, precisamente, la elección del método puede modificar la imagen obtenida. Su et al. (2020) combinaron headspace solid-phase microextraction (HS-SPME), extracción asistida por disolvente, GC-MS, GC-olfactometría y herramientas quimiométricas para identificar los odorantes considerados clave en la madreselva. Otro trabajo publicado en 2023 mostró igualmente que diferentes procedimientos de aislamiento pueden proporcionar representaciones diferentes del perfil volátil. Esto ayuda a comprender por qué no existe una única “fotografía química” capaz de recoger por completo la experiencia olfativa de una flor viva.
Fuentes: Su, K. et al. (2020). PLOS ONE, 15(8); Isolation of Volatiles in Honeysuckle by Multiple Approaches… (2023).
⁹ Sobre la madreselva en la tradición medicinal y cultural
Mucho antes de que alguien intentara poner madreselva en un frasco de perfume, Lonicera japonica ya formaba parte de la tradición medicinal china bajo el nombre de jin yin hua (金银花), “flor de oro y plata”. Su utilización se remonta a más de dos mil años y aparece recogida en antiguos textos farmacéuticos chinos. La literatura científica contemporánea ha estudiado además diversas actividades biológicas atribuidas a sus preparados. Esta tradición pertenece a la historia medicinal de la planta y no debe confundirse con las propiedades aromáticas de su flor ni con la utilización de sus extractos en perfumería. En Occidente, en cambio, la madreselva ha quedado profundamente vinculada al jardín, al verano, a la infancia y a la nostalgia.
Fuentes: Academia del Perfume, ficha “Madreselva”; revisión de literatura sobre Lonicera japonica y medicina tradicional china.
¹⁰ Una última precisión sobre la idea de “capturar” el perfume
Cuando hablamos de headspace estamos utilizando deliberadamente una imagen poética —“escuchar el perfume de una flor sin arrancárselo”—, pero detrás existe una técnica analítica concreta. El headspace no produce un absoluto ni un aceite esencial: permite estudiar los compuestos volátiles presentes en el espacio que rodea a una muestra y, en el caso de una flor viva, puede utilizarse para observar qué está emitiendo en determinadas condiciones. Por eso resulta tan interesante para la madreselva: nos permite acercarnos a su perfume mientras la flor sigue viva.
Fuente: Ikeda, N. et al. (1994), op. cit.