Tenemos una nueva inquilina en el Jardín aromático, os la voy a presentar¡
Pertenece a la familia de las umbelíferas, si. Ya sé que ahora no se llaman así, qué manía con prescindir de vocablos tan hermosos que nos conectan con nuestros idiomas ancestrales: umbelífera proviene del latín «umbella», que a su vez deriva de «umbra», que significa «sombra». En latín, «umbella» era el diminutivo de «umbra» y se usaba para referirse a un parasol pequeño o paraguas, tal es así la forma en paraguas de las flores de esta familia. No me digáis que bellísima metonimia¡
Nuestra nueva inquilina, a simple vista se podría confundir con una zanahoria silvestre, pero no, se trata de LA ESPUMA DE MAR, también llamada espuma de mar, ameo o encaje de la reina Ana, Ammi majus, muy apreciada en arreglos florales, por la apariencia etérea de sus flores blancas.
En algunas culturas incluso se ha utilizado como especia aromática en la cocina, y en la medicina tradicional para aliviar la tos, los catarros y los problemas de piel.
Tradicional en Oriente Medio, según el Botanicum Medicinale de Catherine Whitlock se ha usado para tratar asma, angina, aterosclerosis y cálculos renales.
El uso de Ammi majus en el tratamiento de enfermedades cutáneas se remonta a la antigüedad. Está datado que hace miles de años, en Egipto y la India, se usaban extractos de plantas, incluidos los de la Ammi majus, seguida de la exposición al sol para tratar el vitíligo. De hecho, en la actualidad, una molécula bioactiva aislada de esta misma planta se usa para tratar este trastorno de la piel tan complicado de curar.
Sus furanocumarinas pueden causar fotosensibilidad o dermatitis en personas y animales, así que ten cuidado al manipularla y no dejes a tus gatos que se acerquen a ella.

Si me ha entusiasmado encontrar una Ammi en el jardín, es porque me ha recordado a una de sus parientes, la Ammi visnaga, de origen egipcio, conocida como KHELLA, nombre de posibles raíces árabes, que significa compañero fiel, e incluso se cree relacionado con la lengua zulú, donde significa suerte. Sus nombres siempre nos dan pistas de su valor, y la tengo verdadera devoción, ya que su aceite esencial es un excelente broncodilatador, que resulta de gran ayuda para los momentos de crisis asmática.
Pero volviendo a las umbelíferas -perdón, ahora apiáceas-, nos encontramos con otras cuya confusión puede ser muy peligrosa, me refiero a la zanahoria silvestre y a la cicuta venenosa.
La ZANAHORIA SILVESTRE, Daucus carota, es una aromática de la que no esperéis descubrir el apéndice naranja de la zanahoria cultivada, que se ha usado desde tiempos remotos por ejemplo, para la preparación de remedios caseros para la diarrea, los gases, la gota o la vista.

La zanahoria silvestre tiene los tallos peludos y finamente vellosos, muy pocas hojas con forma inconfundible de apariencia de encaje, olor a zanahoria, tamaño de hasta 1 metro, y su flor suele tener una bráctea lila en el centro de la umbela blanca, PERO este distintivo no suele aparecer en todos sus capítulos florales, así que NO TE GUÍES ÚNICAMENTE POR ESTO¡ Te ayudará más reconocer un collar de hojas sobresalientes que le aparecen debajo de la flor.
No trates de identificarlas únicamente por la flor, sino mejor prestando atención al tallo principal, el olor y la forma de las hojas.
La CICUTA VENENOSA, Conium maculatum, es una umbelífera peligrosa, que prefiere lugares húmedos. Lo primero que notarás es que desprende un olor desagradable, similar a la orina de ratón. Su tallo principal, el de la flor, es liso y con manchas rojas o púrpuras especialmente en los nudos; es hueco y sus hojas son más nítidas, parecidas a las del perejil. Sus flores blancas agrupadas en umbelas, pueden confundirse con las de la zanahoria silvestre, aunque puede alcanzar alturas mayores que ella.
Y por si fuera necesario recordarlo, es un veneno muy potente y letal. Las fatales intoxicaciones (para las que no hay antídotos) pueden provenir no sólo de la ingestión de la propia planta, hojas, frutos, flores o semillas, sino incluso, por el consumo de animales que se hayan alimentado de ella.
De nuevo es necesario acudir a las fuentes históricas, recordad que Sócrates fue condenado a morir, bebiendo una copa de cicuta (quizá mezclada con opio), allá por el año 399 a.c. en Atenas.

