Con sus hojas cortadas en agua, se usaba en Palestina, en la Edad Media, para limpiar las botellas de vidrio agitando enérgicamente en su interior. Os presento a la planta que llamaban por esta cualidad, la PLANTA VIDRIO¡
Este es uno de los usos etnobotánicos documentados de esta planta silvestre, la Parietaria judaica, que toma su nombre botánico de las paredes y muros que la acogen ya que deriva del término latino paries, que significa muro o pared, aunque también la gusta frecuentar escombreras, jardines y huertos, apareciendo siempre cerca de donde viven los hombres.
Su apellido es un adjetivo geográfico que alude a Judea, una zona de Palestina donde abundaba. De hecho, se cree originaria del sur y oeste de Europa, abundante en toda la costa mediterránea y muy extendida y naturalizada por la costa atlántica, por Galicia, e incluso en las Islas Canarias, aunque con menor presencia en el interior de la península.
Conocida por los nombres populares de ortiguilla muerta, pelosilla, albahaquilla de muro, paletaria o parietaria, albahaca de río, hierba caracolera (ya que a los caracoles les encantan sus hojas y refugiarse entre sus matas), hierba ratonera, pegajosa (porque se adhiere fácilmente a la ropa). También se le llama hierba de las ruinas y se puede confundir con su prima la Parietaria officinalis o pelitre de los muros, llamándose ambas también habitualmente como hierbas de muro.
Aunque es familia de las urticáceas, los pelos de sus rojizos tallos no son urticantes aunque sí pegajosos como sus hojas. Sin embargo, tiene una alta capacidad alergénica -de ahí que se la suele llamar maleza del asma-, por la cantidad de polen que produce, ya que para polinizarse a través del viento, tiene la curiosa habilidad de soltar nubes de polvo de polen que permanece una gran cantidad de tiempo en la atmósfera.
Puede provocar alergia casi todo el año, ya que se encuentra en flor prácticamente desde febrero a noviembre, aunque es en primavera cuando más precaución se debe tener: su polen aumenta sobre todo con clima cálido y seco.
La planta se empleó al menos en Alhama para limpiar objetos de cobre y bronce. Se aplicaba el zumo, extraído machacando la planta en mortero, frotando con fuerza con un paño*.
*Citado en Poniente Granadino. Benítez Cruz, G. 2009. Etnobotánica y etnobiología del Poniente Granadino
En la medicina tradicional se ha usado para problemas urinarios, toses, infecciones de vías respiratorias y alivio de quemaduras.
Una infusión de sus hojas, aplicada externamente, puede ayudar a curar y cicatrizar heridas.
En cocimiento, con miel o azúcar, se recomendaba en El Dioscórides Renovado, como remedio contra la piedra de los riñones y la retención de orina (aludiendo concretamente a la especie Parietaria officinalis, cuyos usos y aprovechamientos son similares a la Judaica).
En el Edad Media se usaba contra el fuego de San Antonio producido por el cornezuelo del centeno.
En la farmacopea tradicional, se aprovechaba todas las partes de esta planta, sobre todo hojas tiernas y brotes que se dejaban secar a la sombra para almacenarse en tarros herméticos y usar durante todo el año, fundamentalmente como diurética -al igual que otras urticáceas-, tomada en infusión.
También se usaba tradicionalmente como descongestionante hepático y laxante, siendo remedio para afecciones de riñón y vesícula.
De forma tópica, se usaba en cataplasma para aliviar quemaduras, golpes y hemorroides, por su efecto antiinflamatorio.
Es comestible: pueden comerse crudos sus brotes jóvenes, como otra verdura, incluso acompañada de la ortiga, de la que es familia, potenciando de esta forma sus efectos.
Por estas propiedades que tiene de desinflamar y limpiar, sobre todo hígado, riñones, vejiga y vías urinarias, de drenar los líquidos retenidos y aliviar ardor e irritación, se relaciona en lo emocional, con el poder de facilitar el dejar ir todo aquello que no nos hace bien, acompañando a aquellas personas que retienen más de lo que pueden sostener, ayudando a soltar, descargar y aliviar esa acumulación de conflictos emocionales y miedos, resentimientos y enojos.