Una historia cultural desde la arqueología y la etnobotánica
Cuando hoy pensamos en el tabaco –Nicotiana tabacum– , casi siempre lo hacemos a través del cigarrillo. Sin embargo, esa imagen representa apenas un instante en la larga historia de una planta que ha acompañado al ser humano durante milenios. Mucho antes de convertirse en lo que es en la actualidad, el tabaco fue medicina, protección, ofrenda y compañero inseparable del arte de curar.
Para numerosos pueblos de América ocupó el lugar de una auténtica planta de poder: protectora, sanadora, mediadora entre mundos y compañera inseparable de quienes hicieron del arte de curar una forma de diálogo con las plantas.²
El primer encuentro entre el ser humano y el tabaco
Pero toda historia tiene un comienzo. ¿Cuándo se encontraron por primera vez el ser humano y el tabaco?
Hasta hace muy pocos años nadie podía responder con precisión a esa pregunta. Todo cambió en 2021, cuando un equipo de arqueólogos publicó un hallazgo extraordinario procedente del yacimiento de Wishbone, en el actual estado de Utah (Estados Unidos). En el interior de un antiguo hogar utilizado por cazadores-recolectores aparecieron cuatro semillas carbonizadas de tabaco silvestre (Nicotiana sp.), asociadas a herramientas de piedra y restos de fauna consumida por seres humanos. La datación del conjunto ronda los 12.300 años antes del presente, convirtiéndose en la evidencia más antigua conocida de la relación entre nuestra especie y el tabaco.¹
Aquellas semillas no permiten afirmar que el tabaco se fumara. Tampoco revelan si fue mascado, ingerido, utilizado como ofrenda, arrojado deliberadamente al fuego o si las semillas terminaron accidentalmente entre las brasas mientras se manipulaba la planta. Los propios investigadores reconocen que la arqueología no puede responder todavía a esa cuestión.¹
Sin embargo, aquellas cuatro diminutas semillas cuentan una historia extraordinaria. Demuestran que, mucho antes de la agricultura, de la cerámica o de las primeras aldeas permanentes, alguien había reconocido aquella planta, la había recogido y la había llevado hasta el campamento. A partir de ese momento, el tabaco deja de ser únicamente una especie vegetal para convertirse en protagonista de una de las relaciones culturales más prolongadas entre el ser humano y una planta americana.
De planta silvestre a planta de poder
Las evidencias arqueológicas y etnobotánicas indican que el género Nicotiana tuvo su origen en Sudamérica y que distintas especies fueron domesticadas y difundidas progresivamente por el continente. Con el paso de los milenios, el tabaco terminó formando parte de las tradiciones de centenares de pueblos indígenas.
Aunque cada cultura desarrolló una relación propia con la planta, todas coincidieron en reconocer en ella una fuerza extraordinaria, reservándole un lugar entre las plantas de mayor poder espiritual, terapéutico y ceremonial.²
El contacto…a través del humo
Curiosamente, las primeras pruebas arqueológicas del contacto entre el ser humano y el tabaco no son las primeras pruebas de que fuera fumado.
Esta diferencia resulta fundamental. La evidencia más antigua demuestra la presencia deliberada de la planta en un contexto humano, pero no el modo en que fue utilizada.
Para encontrar pruebas directas del tabaco fumado debemos avanzar varios milenios, hasta la aparición de pipas cuyos residuos conservan nicotina, identificada mediante análisis químicos.³
Es posible que la costumbre de inhalar humo existiera incluso antes utilizando otras especies vegetales y que, con el tiempo, el tabaco terminara ocupando un lugar privilegiado dentro de esas prácticas.⁴
La gran planta maestra de la Amazonía
En la cuenca amazónica, especialmente entre pueblos como los Warao, Shipibo-Konibo, Asháninka, Matsigenka o Tukano, el tabaco llegó a convertirse en una auténtica planta maestra.
Antes incluso de administrar otras plantas medicinales, el curandero recurría al tabaco para preparar el espacio ritual, protegerse de influencias nocivas y fortalecer su propia capacidad de percepción. En muchos contextos amazónicos no actuaba como un simple acompañante de la curación, sino como el eje sobre el que descansaba todo el proceso terapéutico.²
Los mayas y el tabaco protector
Más al norte, entre los pueblos tzeltales y tzotziles de Chiapas, el tabaco adquirió un carácter profundamente protector.
Las hojas acompañaban rituales de curación, intervenían en las limpias destinadas a expulsar enfermedades atribuidas al «mal viento» o a la pérdida del alma y también formaban parte de preparados para tratar picaduras, inflamaciones y abscesos.
La planta aparecía integrada en la vida cotidiana, aunque siempre rodeada de normas culturales que regulaban quién podía utilizarla, cómo debía prepararse y en qué circunstancias.⁵
El tabaco entre los mazatecos
Entre los mazatecos de Oaxaca, el tabaco conservó funciones semejantes.
Además de sus aplicaciones medicinales, constituía una planta de ofrenda, de protección doméstica y de comunicación con el mundo espiritual.
Las investigaciones etnobotánicas contemporáneas muestran que su importancia no depende únicamente de sus propiedades farmacológicas, sino del lugar que ocupa dentro de una compleja red de conocimientos transmitidos entre generaciones.⁶
Cuando Europa descubrió el tabaco
Cuando los primeros europeos llegaron al continente americano quedaron sorprendidos por la presencia constante del tabaco.
Uno de los primeros en describirlo fue Gonzalo Fernández de Oviedo, quien relató cómo los habitantes de las Antillas aspiraban el humo mediante un instrumento al que llamaban tabaco, nombre que, según su interpretación, acabaría identificando también a la planta.⁷
Observaron cómo se fumaba en hojas enrolladas, en pipas ceremoniales, mediante tubos para aspirar el polvo de hojas secas e incluso en preparados líquidos. Aquellas prácticas despertaron tal interés que la planta cruzó rápidamente el Atlántico durante el siglo XVI.
Durante varios siglos conservó en Europa un enorme prestigio medicinal. Médicos y boticarios renacentistas lo recomendaron para heridas, dolores, afecciones respiratorias y numerosas enfermedades.
Como escribió el médico sevillano Nicolás Monardes en 1580:
*«Esta yerba que comúnmente llaman tabaco es yerba muy antigua y conocida entre los indios… Agora usamos della más por sus virtudes que por su hermosura, porque cierto son tales que ponen admiración.»*⁸
A finales del siglo XVI, el médico y naturalista Francisco Hernández, tras estudiar directamente la flora de Nueva España, dejó también una de las primeras descripciones botánicas del tabaco realizadas por un europeo a partir del conocimiento indígena, consolidando el interés científico que la planta despertó desde su llegada al Viejo Mundo.⁹
Quizá la mayor transformación del tabaco no haya ocurrido en la planta, sino en nuestra forma de mirarla.
Reescribiendo la historia del tabaco: la planta después del cigarrillo
Durante miles de años fue respetada como una planta de profundo significado cultural, medicinal y ceremonial. En su pasado más reciente, esta planta extraordinariamente compleja quedó reducida, por una poderosa maquinaria comercial e industrial, a uno solo de sus usos. El cigarrillo terminó eclipsando a la planta y apropiándose de la identidad del tabaco, hasta el punto de que hemos llegado a olvidar gran parte de su historia y de su extraordinario potencial.
Hoy sabemos que el tabaco sigue siendo una especie de enorme interés científico, agrícola y ecológico. La investigación actual vuelve a situar a la planta en el centro de numerosas disciplinas, reconociendo en ella:
- Una herramienta imprescindible para la investigación vegetal. Nicotiana tabacum es una de las especies más utilizadas para comprender el funcionamiento de las plantas, desde la genética hasta sus mecanismos de defensa frente a enfermedades.
- Una fábrica natural de medicamentos. Especies como Nicotiana benthamiana permiten producir proteínas terapéuticas, anticuerpos y vacunas mediante técnicas de biotecnología vegetal.
- Una aliada para recuperar suelos contaminados. Algunas especies del género Nicotiana son capaces de absorber determinados metales pesados del suelo, una propiedad que se estudia para proyectos de fitorremediación y restauración ambiental.
- Un patrimonio genético de enorme valor. La diversidad de especies del género Nicotiana constituye una valiosa reserva de genes relacionados con la resistencia a enfermedades, la adaptación al estrés ambiental y la evolución de las plantas cultivadas.
- Un modelo para comprender las defensas naturales de las plantas. Aunque la nicotina dejó de utilizarse como insecticida por motivos de seguridad, continúa siendo una molécula de gran interés para comprender cómo las plantas desarrollan estrategias naturales frente a los insectos herbívoros.
Quizá haya llegado el momento de mirar de nuevo al tabaco con otros ojos. De recuperar una mirada más amplia, más profunda y más respetuosa sobre la planta. De empezar a escribir un capítulo mejor en la relación entre el ser humano y el tabaco.
Una historia que recupere los conocimientos tradicionales, explore sus aplicaciones actuales y nos permita volver a encontrarnos con ella desde la observación, el cultivo, la investigación científica y la experiencia cotidiana.
La llegada inesperada del tabaco a nuestra huerta, después de haberlo cultivado años atrás y de creer que había desaparecido, fue para nosotros una invitación a volver a prestarle atención. Decidimos aceptar el reto y escuchar lo que su historia todavía podía contarnos. Por eso nos hemos propuesto rehabilitar la memoria del tabaco, pero también su presente: Queremos volver a cultivarlo, comprender su ecología, recuperar algunos de sus usos domésticos tradicionales y explorar todo lo que, sin duda, todavía puede enseñarnos una de las plantas más desconocidas de nuestra cultura.
Nos acompañas?
Notas y referencias
1. Pelton, S. R., et al. (2021). Tobacco use among ancient hunter-gatherers in North America more than 12,000 years ago. Nature Human Behaviour, 5, 1422-1427.
2. Wilbert, J. (1987). Tobacco and Shamanism in South America. Yale University Press.
3. Rafferty, S. M. (2018). Evidence of early tobacco smoking from nicotine residues in ancient pipes. Journal of Archaeological Science: Reports.
4. Tushingham, S., et al. Estudios arqueoquímicos sobre residuos vegetales en pipas prehistóricas de Norteamérica.
5. Groark, K. P. (2010). The Angel in the Gourd: Ritual, Therapeutic, and Protective Uses of Tobacco among the Tzeltal and Tzotzil Maya of Chiapas.
6. Estudios etnobotánicos recientes sobre el uso tradicional del tabaco entre comunidades mazatecas de Oaxaca.
7. Fernández de Oviedo, G. (1535). Historia general y natural de las Indias. (Primeras descripciones europeas del uso del tabaco en las Antillas).
8. Monardes, N. (1580). Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales.
9. Hernández, F. (ca. 1571–1577; ediciones posteriores). Historia natural de la Nueva España.